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La primera mitad del siglo pasado constituye una de las épocas de mayor trascencendia en la vida política, social y económica de la República Mexicana. No fue suficiente la Independencia del país, lograda a base de tantas luchas violentas para lograr la transformación de Mexico; las viejas estructuras coloniales no podían modificarse en unos cuantos años y por el solo hecho de declararse la emancipación, mayormente cuando en el movimiento independentista de 1821 fueron las viejas clases priviliejadas, con Iturbide como instrumento, las que apoyaron decididamente ese movimiento ante la posibilidad de que la Constitución del Cadiz, nuevamente declarada vigente en España, pudiera influir en algunas medidas liberales. Por ello la alta jerarquía de la Iglesia, el ejército colonial y los grupos privilejiados, intervinieron con el objeto de conservar las estructuras coloniales, que consagraban una gran desigualdad.

Los partidiarios de una nueva forma social y ecónomica tuvieron que luchar en forma resuelta, a partir de 1821, para lograr los cambios que permitieran nuevas formas de vida ecónomica y social, en tal forma que no fue fácil lograr esos cámbios. Una de las manifestaciones de mayor enjundia va a ser la pugna entre la Iglesia, que tenía funciones muy amplias, frente al nuevo estado que trata de lleva una actividad acorde con el mundo moderno, representando en aquellos momentos por la metamorfosis operada en Europa con la Revolución Francesa.

La pugna tuvo que ser a fondo y se dio en todos los ámbitos de la nueva nación, que poco a poco tuvo que penetrar a las diversas clases sociales y modificar no solamente las trabas ecónomicas hechas para que un imperio colonial obtuviera los mayores provechos para la metrópoli, sin tomar en consideracion las necesidades de toda índole de la nación cuyos recursos eran aprovechados por el gobierno colonial y por las clases ligadas a ese gobierno.

En esas condiciones resulta muy explicable que el movimiento y los enfrentamientos con el nombre de la Reforma -que se refiere a los cambios políticos, sobre todo en la Iglesia católica y el Estado Mexicano- no puedan ser comprendidos si no se marcan con claridad os antecedentes que la hicieron posible y los diversos factores, internos y externos, que hicieron factible la transformación socio-política de la que deriva el Mexico de nuestros días. Nuevos senderos tuvieron que ser recorridos para la formación de una nueva nación, que se a ido realizando a través de algunos siglos, pero que en algo más que en siglo y medio de vida independiente ha sido tan transformada.

Sabemos que un país no es el resultado de ciertos hechos aislados; se necesita un aprolongada sedimentación ara integrar una nueva nación. Recordemos que el principio de las nacionalidades a sido un proceso por el que han pasado la mayor parte de las naciones modernas, y desde luego ha sido el proceso por el que pasaron los países Europeos, de los que Francia ha sido el arquetipo de integración. Por tanto, es preciso puntualizar en qué forma se ha logrado llegar al México que se aproxima a los finales del siglo XX.

Cuando recordamos que los iniciadores de la Independencia, con Hidalgo, Allende y los primeros y los primeros luchadores que querían una nueva nación, es porque consideraban que había la suficiente capacidad para proclamar su propia vitalidad. Entre los precursores es oportuno recordar a Francisco Javier Clavijero, jesuita emigradod e Italia, a raíz de la expulción de la Compañía de Jesús, y junto a este personaje se encuentran otros de los expulsados en 1767, como Francisco Javier Alegre, Manuel Fabri, Andrés Cavo; el poeta Landívar, el de la Rusticatio Mexicana; Maneiro y otros que sentaron las bases ideológicas de lo que sería la futura nacionalidad, entendiendo que esta debería encaminarse por sendas del progreso.

Los cambios que tenían que producirse serían en todos los órdenes, en vista de las graves diferencias sociales. El obispo Abad y Queipo, al hacer referencia a la situación económica, señalo esas condiciones de grave desigualdad: " Ya digimos que la Nueva España se componía con corta diferencia, de cuatro millones y medio de habitantes, que se pueden dividir en tres clases: Españoles, Indios y Castas. Los Españoles compondran un décimo del total de la población, y ellos solos tienen casi toda la propiedad y riquezas del reino. Las otras dos clases, que componen los nueve décimos, se pueden dividir en dos tercios, los dos de castas y uno de indios puros. Indios y Castas se agrupan en los servicios domésticos, en los trabajos de la agricultura y en los ministerios ordinarios del comercio y de las artes y oficios, es decir que son criados, sirvientas y jornaleros de la primera clase. Por consiguiente, resulta entre ellos y la primera clase aquella oposición de intereses y de afectos que es regular entre los que nada tienen y los que lo tienen todo, entre los dependientes y los señores. La envidia, el robo, el mal servicio por parte de los unos; el desprecio, la usura, la dureza por parte de los otros. Estas estultas son comunes hasta cierto punto en todo el mundo, pero en America suben a muy alto grado, porque no hay graduaciones o medianías: son ricos o miserables, nobles o infames. (Estado moral del Virreinato de Nueva España en 1799).

No es casual que parte de las controversias se dieran entre el Estado y uno de los elementos más fuertes, que era la Iglesia católica. Por elloen México a travez de los siglos(tomo IV), se señala el dominio del clero, que había conbatido a los propios virreyes. El dominio se extendía sobre las almas y los cuerpos, es decir, en lo espiritual y material. Contaba para su influencia: "con los diezmos, las claverías de las Iglesias, y lo que más valía aun, con las llaves del reino de los cielos: jamás una lucha mas formidable pudo formarse contra la causa de un pueblo; y fue ello tan posible que subsistió aún después de hecha la Independencia, atravesando inperturbable hasta 1833, una serie de veintidós años en que todo lo demás se desnaturalizó, cambió o recibió al menos un nueva forma. Fue un coloso de rodas, bajo el que todo páso permaneciendo él inmutable: solo el tiempo podría encargarse de destruírlo".

Con todos estos antecedentes, es lógico que apenas iniciada la Independencia, se presente el conflicto entre la Iglesia y el Estado si durante la colonia la unidad de la Iglesia y el Estado a través del patronato se dio muy estrecha, al hacerce la enmacipación el clero quiso conservar los privilegios, pero no las obligaciones. A través del Real Patronato el monarca podría hacer la proposición de los nombramientos de dignatarios eclesiásticos, mas esa proposición se convirtió con el tiempo casi en nombramiento. Por ello no es extraño que algunos funcionarios de la Independencia fueran partidiarios de conservar el patronato. Así se explica la pugna tan compleja que se presentó y que había de culminar en la Guerra de los Tres Años o de Reforma, durante la cual se expedirían las leyes de ese nombre, y entre todas, las relativas al Registro Civil.

Fueron muy diversas las tendencias que se manifestaron con el movimiento de Independencia incluso algunos pensaban que debería ejercese el Patronato por el gobierno. Tan es así que la Constitución de 1824 en su artículo 110 expresaba: "XX. conceder el pase o retener los decretos conciliares, bulas pontificias, breves y rescriptos, con consentimiento del Congreso General, si contienen disposiciones generales; oyendo al senado y en sus recesos al consejo de gobierno, si versaren sobre negocios particulares o gobernativos; y la Corte Suprema de Justicia, si se hubieren expedidos sobre asuntos contenciosos".

La primera manisfestación jurídica para establecer un equilibrio en esas relaciones se presenta con la Administración del Presidente Valentín Gómez Farías, de 1833-1834. El Gobierno liberal y republicano tenía otros problemas debido a que no se reconoció la Independencia Mexicana por España hasta el año de 1836. El gobierno mexicano trató de establecer relaciones con el vaticano y se envían algunos emisarios; sin embargo resulto en fracaso diplomático y nulos los esfuerzos de México.

Una muestra de cómo se va gestando el movimiento reformista lo tenemos en el concurso que convoca el gobierno de Zacatecas, presidido por don Francisco García, en 1831. Se concretaba, básicamente a la calidad de los bienes eclesíasticos y a la intervención que podría tener la autoridad civil. El concurso es ganado por el teólogo José María Luis Mora, quien se inclina abiertamente por la intervención de los bienes eclesiásticos. La situación es muy clara desde el punto de vista económico, porque la iglesia era la principal institucion por su riqueza, fenómeno muy explicable si se piensa en los antecedentes coloniales, tanto la influencia espiritual como de su unidad con el Estado.

Las luchas siguen a lo largo de dos décadas, sin en que un momento disminuyera el choque, porque a los intereses doctrinarios se unen los intereses económicos, expresados por periodistas y escritores liberales y conservadores.

Fracasada la Reforma con Gómez Farías, la reacción conservadora va a favorecer, desde 1834 a 1846, los intereses de la iglesia. Si en breve tiempo el gobierno dejó de ser intrumento secular de dicha institución y suprime la obligacion de pagar los diezmos, se derogan las leyes civiles para la coacción en el cumplimiento de los votos monásticos y e problema de los bienes se plantea, pronto se vuelve ala situación anterior. Sin embargo, la idea secularizante va avanzando, a pesar que el gobierno centralista de 1843 restablece la Compañía de Jesús. La guerra de 1846-1847, ante la invación norteamericana y la bancarota del estado, va a servir nuevamente para plantear la cuestión, ya que nuevamente Gómez Farías en el poder, como vicepresidente, aunque Santa ana sea el titular, va a tratar de hipotecar los bienes eclesiásticos, para fines de defensa.

La respuesta es la rebelión de los polkos auspisiados por militares y altos eclesiásticos, aunque fracasa.

El proceso de acomodamiento a las fuerzas políticas va a continuar por largo tiempo. Lo que algunos investigadores llamaron la sociedad fluctuante va a continuar: la vieja sociedad colonial no acababa de modificarse, en tanto que el nuevo estado mexicano, tanpoco se integra ni se consolida, por lo que las fuerzas de la nueva nación son escasas y se manifiestan en la desunión, aun ante los invasores. Por ello es importante hacer una referencia amplia a esa expresión normativa con sus antecedentes fundamentales y su proceso de formación.